Aquí estoy nuevamente para presentarme un poco.

Mi nombre es María José Díaz Valido, aunque me gusta que me llamen María. Tuve la gran suerte de nacer en una espectacular isla llamada Gran Canaria. Pertenezco a una familia atípica donde el pilar central fue una maravillosa madre que nos dejó múltiples lecciones de la vida. Ella se fue muy temprano y así es como comienza mi andadura en solitario por el mundo. Y digo en solitario no porque estuviera sola, tengo padre y cuatro hermanos, sino porque empiezo, después de un año de su marcha, a independizarme y a aprender realmente este oficio de vivir que tanto tiempo cuesta.

Después de un año de independizarme conozco al que fue mi primer marido y padre de mis dos maravillosos hijos mayores Alberto y Elba.

Es un año después del nacimiento de Elba cuando empiezan las complicaciones en cuanto a la salud. Después de un accidente jugando con la niña, me quedo absolutamente contracturada del cuello y pierdo la visión. El médico que se acerca a casa me pincha lo típico (relajante muscular y antiinflamatorio)  y le dice a mi marido que lo que está viendo no es nada común, que desde que pueda me acerque al traumatólogo porque no le gusta lo que ve, por lo que manda que vengan a pincharme a casa unos días más.Después de un largo tiempo y entre visitas al traumatólogo, al fisioterapeuta, al reumatólogo, etc., terminan por diagnosticarme fibromialgia, nuestra querida y odiada compañera de viaje.

Al principio no entendía mucho qué sucedía, no lo veía tan importante, ya que no repercutía mucho en mi vida. Pero eso sólo era al principio. Después de un tiempo, y de que cualquier estornudo me dejara tumbada en la cama durante varias semanas por dolor en la espalda, empecé a entender que esto era más serio de lo que yo creía.

Con mis hijos muy pequeños me separé de su padre y comencé una nueva vida. Estuve un año disfrutando de ser madre y persona y después de ese año, la vida me demuestra otra vez lo que es el amor re-conociendo al que ahora es mi marido y padre de mi tercera hija Inés.

Durante este tiempo la enfermedad estaba bastante controlada, no tenía muchas crisis y las que tenía las toleraba muy bien, pero llegó el gran día -y después de un largo período de cansancio, de un estrés inimaginable en el trabajo, con la familia con la operación de mi hija Elba, su lenta y dolorosa recuperación, de dolorosos trances en el juzgado- y vuelvo a tener una recaída. Esta vez, comenzó a atacar absolutamente todos mis sentidos, perdí por completo el equilibrio tanto físico como mental, comencé a convertirme en un ser absolutamente irreconocible para mi, ya que estaba llena de rabia y el dolor me consumía tanto, que no era capaz de ser la persona que antes era.

Fue entonces cuando hubo un punto y aparte en mi vida. Hablé con mi médico de cabecera que me dio la baja y hemos comenzado a medicarme haciendo, como uso y costumbre, intentos para encontrar recetas y dosis adecuadas a mi persona.No es fácil, cuando comienzas un tratamiento no eres tú, te conviertes en el zombi ese que va por la casa sin enterarte mucho de lo que está pasando. Luego pasas unos días más o menos buenos ya que el dolor no es muy agudo, para luego seguir con la necesidad del aumento de la medicación porque tu cuerpo se ha acostumbrado ya a la dosis y te pide más.

Y bueno, como presentación sólo me queda decir que tenemos seis hijos (tres de mi marido, dos que yo traía y una en común) y mucha ilusión por vivir, que no malvivir, por lo que seguiremos luchando con la ayuda de todos los que quieran publicar sentimientos, avances, etc. en este nuestro blog.

Gracias

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